
¡Basta ya!, es la frase que Luis Hinojosa, abogado de la actriz y modelo Angie Jibaja, no dejaba de repetir frente al “trampay”, en el que se muestra a una supuesta Jibaja de vuelta a las andanzas, presentado por la periodista Magaly Medina la semana pasada.
Como primera crítica debo decir que la Sra. Medina se va alejando cada vez más de lo que es hacer periodismo.
El afán del rating ciertamente la transforma de tal manera que ni siquiera por poner su libertad en juego se detiene a preguntarse si lo que presenta es verídico o no.
Empecemos por partes, el periodismo de investigación es sencillamente la obtención de algún hecho noticioso sin tener fuentes abiertas disponibles, de ahí la investigación, con la característica sumamente importante de que los hechos sean veraces.
Es evidente que el “equipo de investigación” de la Medina no conoce mucho de periodismo, se basan en llamadas anónimas para acudir a ciertos hechos que ni siquiera comprueban por ellos mismos, ya que comprobar implica asegurarse de que el hecho en cuestión sea real como también implica un seguimiento y todas las acciones posibles que nos lleven a poder afirmar con veracidad alguna acusación o noticia.
Parece que la confianza en su equipo la hace seguir tropezando, pero lamentablemente no se trata de un error tan simple. El delito de difamación (por el que fue acusada varias veces y sentenciada a cárcel efectiva la última vez), es tan grave como cualquier delito. Atentar contra la honra de las personas no es cosa de juego y tiene consecuencias.
Magaly Medina conoce las consecuencias, pasó los últimos meses del año pasado privada de su libertad por asegurar hechos falsos y perjudicar la imagen de una persona.
Esta vez no fue diferente, a pesar de tener la premisa de que cuando cometes un delito se paga, sea quien fueres, se vio envuelta nuevamente en la difamación.
Si bien mandó un mensaje algo desesperado en su supuesta disculpa a la modelo Angie Jibaja, diciendo:
“De canera a canera jamás voy a desear que vuelvas otra vez a la cárcel”.
(Lo cual en otras palabras era una petición para que ella no vuelva a Santa Mónica), eso era lo que podría haber pasado con la modelo de no haberse descubierto la falsedad del ampay.
Esperemos que estos sucesos dejen de repetirse, el público televidente no merece recibir más televisión basura y las personas, públicas o no, tienen derecho a que su imagen no se vea perjudicada por falsas habladurías.


