
Es extraño todo lo que el silencio nos puede dar, todas las palabras, las respuestas que podemos encontrar sin siquiera pensar en obtenerlas.
Yo pensaba en la depresión, en la oscuridad en la que esta te hunde, al mismo tiempo pensaba en la delicadeza de una caricia, en lo suave de un beso, en la profundidad de una mirada.
Y es así como uno se deprime, por la falta de algo, de alguien, por esa ausencia, ese espacio vacío que no se traduce en otra palabra que no sea “soledad”.
La soledad, esa que trastorna nuestros pensamientos, esa que muchas veces no entendemos, esa que ataca estemos solos o acompañados, esa que es fiel y es traicionera, esa, esa que nunca nos deja.
El silencio no se va y es bienvenido, y junto a él millones de pensamientos, buenos y malos, que mi fiel amiga guardará.
