jueves, 19 de agosto de 2010

¿Qué es la vida sino un sueño?


Alguien me contaba que después de un gran viaje que tuvo, de toda esa nueva experiencia, de todo ese aprendizaje, de todo ese redescubrimiento de sí mismo, llegaba con la idea de cambiar.

¿Cambiar él? ¿Cambiar las cosas a su alrededor?

Pues sí, él llegaba cambiado, podría decir cien veces que era el mismo de siempre con nuevas ideas pero en realidad ésas ideas eran lo que lo hacían diferente.

Durante su regreso, estaba emocionado, emocionado de regresar, emocionado de todo lo que vivió, emocionado por las ideas y sueños que tanto esperaba consumar.

La emoción se iba desvaneciendo conforme pasaban los días, las caras de las personas aquí no le transmitían esa felicidad, esas ganas de querer más, esas ganas de soñar.
Una sonrisa no servía de nada, las personas no la correspondían, las miradas eran vacías, como decía él, no tenían ese brillo en los ojos.

Pero, ¿qué era? Acaso las personas ya no sueñan? Acaso las preocupaciones, la dura realidad en la que vivimos nos han alejado de lo fascinante y gratificante que es soñar? Acaso pensamos que son los sueños nada más que distracciones? Que son fantasías que simplemente nos alejan de la realidad?

No, no puede ser eso. Los sueños son lo primero, son el comienzo de nuestros planes, son el inicio de nuestras ideas, son proyecciones, muchas veces exageradas pero para soñar no hay límites, no hay barreras.

Pero parece que es eso justamente lo que hace que no soñemos, las barreras.

Mientras se piensa cada vez más en grande aparecen más y más obstáculos, nos elevamos un poco de la tierra y el peso de nuestro pesimismo nos baja nuevamente sin dejarnos volar libres y ligeros entre las ideas.

Que vuelva ese brillo a nuestros ojos, que nuestra mirada refleje ganas, ganas de querer, ganas de hacer, ganas de soñar, porque al final que es la vida sino un sueño.